El Programa de Intercambio Juvenil de Rotary continúa abriendo puertas a adolescentes de entre 15 y 17 años que buscan vivir una experiencia transformadora. Ariel Katz, socio de la entidad, explicó en qué consiste esta iniciativa y cuáles son las claves que la diferencian de otras propuestas similares.
“Es una experiencia que cambia vidas. Los chicos viajan siendo una persona y vuelven siendo otra, enriquecidos por todo lo que aprendieron en un año de estar en el exterior. Conocen nuevas culturas, aprenden idiomas y comparten tiempo con jóvenes de todo el mundo. No se trata de unas vacaciones: viven con familias locales, asisten a escuelas y se integran en la vida cotidiana del país que los recibe”, remarcó Katz.
Actualmente, la mayoría de los destinos a los que viajan desde el distrito 4895 de Rotary son en Europa, con intercambios en países como Francia, Bélgica, Suiza, Alemania o Dinamarca. Allí, además de convivir con las familias anfitrionas, los estudiantes se relacionan con intercambistas de lugares tan diversos como Japón, Australia, Estados Unidos, Tailandia o México. “Las amistades que se generan en esos encuentros perduran para toda la vida”, agregó.
Una de las principales diferencias del programa de Rotary frente a opciones privadas es el respaldo institucional. “El soporte de Rotary es muy fuerte: hay consejeros, reuniones en los clubes locales y un equipo siempre dispuesto a acompañar a los chicos y a sus familias. Eso brinda tranquilidad y contención ante cualquier inconveniente”, explicó Katz.
Los requisitos para participar incluyen tener entre 15 y 17 años, estar escolarizado y provenir de una familia dispuesta a recibir a un estudiante extranjero durante un año. “No es solo enviar a un hijo al exterior: también hay un compromiso de recibir a otro joven, con todo lo que eso implica en términos de alojamiento y gastos de manutención”, señaló. Además, antes de viajar, los postulantes y sus familias deben atravesar un proceso de capacitación y entrevistas, que incluye evaluaciones psicológicas y encuentros informativos.
Según Katz, este proceso riguroso busca garantizar que los estudiantes estén preparados no solo desde lo económico, sino también desde lo emocional y cultural. “Rotary visita la casa de las familias, analiza las condiciones y se asegura de que los chicos tengan un entorno adecuado. Lo mismo sucede en los países receptores. Es un trabajo muy exhaustivo, porque la prioridad es el bienestar del joven”, aclaró.
La experiencia, además, trasciende lo académico. Los participantes se convierten en verdaderos embajadores culturales, compartiendo su país de origen con quienes los reciben y aprendiendo a valorar las diferencias. Esta dinámica de ida y vuelta fortalece el entendimiento entre pueblos y genera lazos que superan fronteras. “Cada joven que viaja regresa con una mirada distinta del mundo, más abierta, más tolerante y más consciente de la diversidad”, expresó Katz.
De cara a quienes evalúan sumarse, Katz fue categórico: “Mi consejo es que se animen. Es algo único y es el momento para hacerlo. No se trata de un viaje de unas semanas: es un año entero en el que hay que estar dispuesto a convivir con otra cultura y aprender de ella. Pero es una oportunidad que marca para siempre y que les servirá a los chicos para toda la vida”.
Con esta propuesta, Rotary busca seguir formando ciudadanos del mundo, jóvenes con espíritu abierto y compromiso social, capaces de tender puentes entre culturas y convertirse en verdaderos embajadores de la paz.
En caso de estar interesado podés contactarte con Rotary a través de su mail rcpilar9424@gmail.com o telefónicamente al 11-4579-6613.
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