El fabuloso Dr. Hawkins

0

Su nombre y su historia personal se han difundido de manera extraordinaria en todo el planeta. En primer lugar, por los aportes que ha hecho a la Astrofísica, rama lejana para la inmensa mayoría de nosotros que solemos preocuparnos por asuntos más pedestres y comprensibles. Abocado desde siempre probablemente a descubrir, develar, entender cómo empezó todo, esto es cuál fue el origen del universo, logró construir una teoría que suele asombrarnos por lo relativamente simple de su enunciado: la teoría del Bing-Bang.

Por otra parte, una interminable lista de descubrimientos científicos, como el de los agujeros negros y su posterior reformulación, han dejado atónitos a muchos investigadores en cuyo esquema de indagaciones no entraban estas atrevidas teorías.

Lejos del fundamentalismo

La comunidad científica de la cual fue miembro destacadísimo no está exenta de dogmatismos, pecado que no le podemos atribuir a este eminente investigador. Pues, por ejemplo, a pesar de su confesión de ateísmo ha mantenido un buen contacto con la Academia Vaticana de Ciencia, lo que muestra la apertura de su mente. Al parecer la amplitud de su espíritu lo ha llevado a mantener contactos con científicos de todo el mundo, pero no sólo con dicha comunidad sino con otros representantes de la cultura, y con los hombres y mujeres comunes, para quienes llevó a cabo una invalorable tarea de divulgación.

Estamos hablando de Stephen Hawkins el enorme astrofísico inglés que esta semana falleció a los 76 años de edad. Es un dato muy conocido que padeció desde su juventud de una enfermedad invalidante: la esclerosis amiotrófica lateral. A pesar de la creciente inmovilidad y de la pérdida de la voz que conspiraban contra sus posibilidades comunicativas, desarrolló una tarea investigativa única, unido esto al ejercicio de la docencia y de la divulgación científica.

Ciencia y divulgación

Me interesa destacar ese aspecto de sus aportes porque lo muestra como un científico de avanzada también en esta cuestión. Le interesaba comunicar lo que hacía y sobre todo poner al alcance de las grandes mayorías sus logros y sus conclusiones. Limitado por una realidad cruel, que lo inmoviliza, supera esa barrera gracias a un extraordinario esfuerzo y una voluntad que no cede. Era al año 2017 y Hawkins aún dictaba sus conferencias en distintos países. Buscaba comunicarse y lo hacía entre otras cosas ejercitando un humor muy particular. Era capaz de reírse de sí mismo, actitud que lo liberaba de la conmiseración que su estado podía generar.

Quienes han visto una famosa película, “Sostiene Pereyra”, recordarán que allí se habla de la sección necrológicas de un periódico y se nos cuenta cómo esas notas por lo general laudatorias están preparadas de antemano resultando llamativamente parecidas las distintas versiones. Digo esto porque me llamó la atención como las notas referidas a la muerte de Hawkins decían todas más o menos lo mismo, destacaban sus logros, recordaban su larga enfermedad y aplaudían su merecida fama.

A veces asusta tanta unanimidad, porque Hawkins que no tenía pelos en la lengua había manifestado muchas veces su preocupación por temas urticantes, por ejemplo, por el cambio climático, su postura antibelicista y un confesado ateísmo que no le había impedido mantener un excelente trato y cercanía con la Academia de Ciencia Vaticana.

Ciencia ficción y ciencia

Sabemos que la ciencia ficción es un género literario que prosperó en los siglos XIX y XX que especula libremente acerca de las posibilidades de la ciencia y la tecnología. Yo me imagino que Hawkins habrá disfrutado de esos textos a los que él a su vez enriqueció con sus atrevidas teorías.

Es en este punto en el que quiero subrayar algo que me parece importante. En los últimos dos siglos cuando tanto la ciencia como el pensamiento político tuvieron expresiones muy importantes, algunas de ellas vinculadas perturbadoramente, pensemos en el desarrollo de la energía nuclear y los enfrentamientos entre poderosas naciones por recurrir a un ejemplo de todos conocidos.

Sin embargo, hay un núcleo importante de científicos que insisten en afirmar que la ciencia es neutral y que no es conveniente para la ciencia la cercanía del turbulento mundo político, se llega así a desarrollar una ideología, a mi juicio, peligrosa, que es la del cientificismo que atribuye a esta actividad y a sus logros un papel no contaminado con la sospechosa política. Sin embargo, los hechos han demostrado hasta el cansancio que esa pretendida asepsia no es creíble y que al contrario un buen maridaje entre acción política y ciencia es muy deseable.

La curiosa teoría de la colonización espacial

Dicho todo esto quiero señalar, como ciertas especulaciones asombrosas de Hawkins, como la que imagina futuras catástrofes planetarias y algún grupo de elegidos huyendo de este planeta en llamas entregados a colonizar el espacio. Tan cercanas a textos de ciencia-ficción (lo que no las desacreditan) son estas especulaciones de Hawkins que me hacen pensar cómo la visión colonialista, tan europea ella, tiñe estos pronósticos, y me pregunto cómo es que no se postula la posibilidad difícil pero no imposible de que la humanidad decida hacerse cargo de sus responsabilidades como habitante de este planeta y evitar en alguna medida su autodestrucción.

Ese final Deus Ex Machina, me llama la atención. pero no me sorprende tanto en un representante tan destacado de una civilización eurocéntrica. No será esta una humorada más de este maravilloso Dr. Hawkins que liberado del terrible cepo de su cuerpo ensaya desde algún lugar una carcajada homérica.

E.R.

STEPHEN HAWKINS: físico teórico, astrofísico, cosmólogo y divulgador científico inglés.

Fecha de nacimiento: 8 de enero de 1942, Oxford, Reino Unido.

Fallecimiento: 14 de marzo de 2018, Cambridge, Reino Unido.

Hijos: Lucy Hawking, Robert Hawking, Tim Hawking.

Cónyuge: Elaine Mason (m. 1995–2006), Jane Wilde Hawking (m. 1965–1995)

Películas y programas de televisión: El universo de Stephen Hawking.


Compartir!

Deja una respuesta