Personajes

Formando grandes personalidades desde el baile

María Penoucos, actriz y bailarina, dicta sus clases de baile y actuación en Pilar. “El objetivo no es lograr profesionales, sino fortalecer la seguridad personal a través de la expresión corporal”, explica.

 

Habiendo asistido a clases de ballet desde pequeña, María Penoucos sabía que quería dedicarse a la danza cuando sea grande, así es que cuando terminó de cursar la secundaria en su colegio de Azul, provincia de Buenos Aires, se anotó en el Ballet del Atlántico, compañía marplatense creada en 1973 por la maestra y coreógrafa Beatriz Schraiber, donde luego de cuatro años de teoría y práctica culminó el profesorado de danza jazz.

“Desde chiquita que estudiaba danzas clásicas y en los actos de la escuela yo era la que organizaba y coordinaba las coreografías y las obras que íbamos a realizar, es decir que el teatro y la danza son cosas que me gustaron siempre”, comienza diciendo María sentada en uno de los salones de La Plantación, lugar que eligió para dictar sus clases en Pilar hace más de tres años.

Si bien terminó el profesorado, no ejerció esa profesión inmediatamente, todavía faltaban algunos años para que María decidiera dedicarse de lleno al tema de las clases de baile y actuación. Mientras tanto, la artista copiaba obras de teatro y argumentos que descubría en espectáculos que veía y los interpretaba en cumpleaños de amigas y encuentros de familia: “En esas reuniones yo hacía de directora de los argumentos que había copiado y siempre me ponía a mi misma interpretando papeles chicos, es decir que ante todo buscaba coordinar el trabajo, no aparecer en el centro”, cuenta.

Rondaba los 20 años y la bailarina viajó a Europa, adonde vivió por nueve meses. “Allá viajé y recorrí muchos lugares, trabajé en una distribuidora de productos de gimnasia, en una boutique y en una disco como ayudante de barman. Fue una experiencia muy linda pero en un momento comencé a extrañar y me volví”.

 

En casa

 

A la vuelta, la gran ciudad la esperaba. Ya instalada en Buenos Aires comenzó a asistir a las clases de teatro de los talleres de actuación del Centro Cultural Rojas adonde empezó a descubrir los secretos de la interpretación teatral que luego combinaría con la danza.

Su vocación teatral estaba entonces desarrollándose lentamente hasta que un día decidió participar en una obra de teatro que se llevaría a cabo para celebrar la finalización de la etapa preescolar de una de sus hijas: “Me tocó formar parte de una obra que se hacía en el colegio de mi hija cuando egresó del jardín de infantes y creo que ahí fue que renació mi vocación actoral, era como una asignatura pendiente y en ese momento sentí el empujón que me faltaba para animarme”.

Luego de este episodio y con grandes expectativas María se anotó en un curso de actuación con el artista argentino Daniel Miglioranza, al tiempo que asistía a las clases en el club Martindale con personas con las que compartía las mismas inquietudes artísticas. “Estaba yendo a estas clases y decía “quiero ir por más”, no me conformaba con lo que había hecho hasta ahora, quería seguir avanzando en esto de la actuación de manera más profesional”, comenta María que en ese momento comenzó su búsqueda por alguna actividad que logre combinar de forma equilibrada sus dos actividades favoritas: la danza y la actuación.

“Empecé a averiguar por algo que junte estas dos cosas y ahí fue que descubrí la comedia musical. Empecé a ir al taller de Héctor Presa en Teatro La Galera (ubicado en Palermo Hollywood) y la verdad es que resultó el complemento justo porque me permitía bailar, cantar y seguir estudiando, paralelamente, actuación”, recuerda.

Darío Levy, Teresa Sarrais y Sergio Boris fueron algunos de los encargados de transmitirle a María nuevas técnicas teatrales, métodos de enseñanza y movimientos sobre el escenario. En el Centro Cultural General San Martín, Juan Pereyra la recibió en su taller de entrenamiento de comedia musical y como si eso fuera poco, María también asistió a un curso de dirección actoral: “porque me gustaba estar del otro lado, mirar las cosas desde otro punto de vista y manejar grupos”, afirma.

 

Al frente

 

Habiendo terminado el curso con una tesis que incluía un fragmento de “Médico a palos” de Molière, María continuaba armando guiones, letras de canciones y coreografías para las obras que interpretaban los padres para los actos del colegio de sus hijos.

Faltaba que conociera a la profesora de teatro en inglés, Pilar Cortese para que la comenzara a poner en práctica todos los conocimientos aprendidos hasta ahora: “Hace tres años empecé a trabajar con Pilar, buscamos un lugar para dar las clases, encontramos La Plantación y nos pusimos manos a la obra con “Estrenos”: antes de empezar, ya teníamos el cupo lleno”, cuenta María que además de las clases que ahora dictaba, seguía asistiendo al curso de dirección actoral.

“Empezamos con dos turnos, eran alrededor de 40 nenas de 6 a 12 años, Pilar estaba encargada de la parte teatral, ella de la danza y Agustina Salatino se encargaba, después de algunas clases, cuando las chicas ya entran en confianza, de darles la parte de canto”, explica.

“Nosotras –asegura la profesora- tenemos un objetivo bastante diferente al de otros grupos de baile: no queremos formar profesionales, lo único que nos interesa es desarrollar la seguridad personal de las alumnas, su autoestima, para que puedan tener determinada actitud arriba del escenario y en la vida misma”.

Al comienzo de las clases, “las alumnas no son presionadas a hacer nada que no quieran, si no quieren hablar no lo hacen, después solas van perdiendo la timidez y ganando confianza con el grupo y ellas mismas, que es lo más importante, que mantengan una actitud segura frente a la vida”, explica.

María señala además que “no importa si hay una chica que no canta tan bien como otra, en nuestras obras ninguna es árbol, ninguna está atrás de todo, las nenas están todas al frente y nos parece que eso es parte de la estimulación, es muy importante”.

Con esto en mente, la profesora se ocupa de armar escenarios poco complicados con escenografías que no atraigan más atención que las nenas que bailan en ellas, el centro son las alumnas y todas son protagonistas: “Me produce una felicidad muy grande ver la evolución de las nenas, observar una chica que no podía ni decir su nombre al principio que ahora baila junto a sus compañeras y toda la familia que la vino a ver”.

El grupo siguió creciendo y el año pasado se duplicó la cantidad de turnos, en ese momento eran 110 las alumnas que querían asistir a las clases de comedia musical “Estrenos”. Actualmente, además de agregar clases para adultos, María tiene a su cargo seis turnos, alrededor de 200 chicas con ganas de bailar, actuar y cantar.

El aumento del número de alumnas y consiguiente apertura del grupo de adultos María lo adjudica a tres cuestiones principales (además de los talentos que une con las otras profes), a saber: “Ante todo mucha responsabilidad, luego la pasión que se pone en cada cosa que hacemos y se transmite a las alumnas y sus familias y finalmente el amor y el afecto que se genera entre las nenas y nosotros, creo que por eso vienen y quieren volver todos los años”.

“Hay espacio para todas –termina diciendo María-, la idea es que las nenas vengan y encuentren un lugar donde además de hacer amigas, aprender a bailar y jugar un rato puedan desarrollar su seguridad personal sin presiones, sin vergüenzas”.

 

Julia Tanoni

 

Para las mamás también

 

Viendo el éxito de los grupos de niñas y accediendo a los insistentes pedidos de las madres de sus alumnas, María decidió abrir este año las puertas del salón para un grupo de adultos.

“A partir de abril, todas las mamás que tengan ganas de bailar, cantar, actuar, pero ante todo, de pasarla bien un rato, podrán venir a las clases”, dice la profesora.

“En los adultos la autoestima ya está formada, así que, si bien alentaremos ese aspecto, básicamente el objetivo de las reuniones será la diversión. Vendrán mujeres adultas y dejarán los prejuicios afuera, por eso trabajaremos sin espejos, para que cada una se enfoque en si misma y no sienta presiones o vergüenzas de ningún tipo”, explica María. Risas arriba y abajo del escenario, ésa es la idea.