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Pascual Contursi
o el nacimiento del tango canción
En estas mismas páginas, hablando de Carriego, hemos recordado cuanto tuvo que ver su particular mirada del suburbio y sus personajes en la construcción de una estética del tango, obviamente nos referíamos al tango–canción. El tango es un fenómeno cultural complejo música, baile, canción. En sus orígenes pueden rastrearse diferentes influencias, entre otras, la del tango andaluz, que fue traído a estas tierras promediando el siglo XIX. El hecho de ser un baile de parejas enlazadas lo signaba como particularmente atrevido. Sus letras, porque tenía letra, eran de un tono intencionado. Cuando el tango se desarrolla en los ambientes de bajo fondo y aparece como música prostibularia las letras que solían cantarse iban de lo atrevido a lo procaz. Villoldo, una de las figuras fundadoras del tango, puso letra a algunas composiciones, recordemos “La Morocha”, tema de Saborido con sabor campero que se hizo popular precisamente con la letra de Villoldo. Todo esto que estamos diciendo objeta de alguna manera la afirmación de que el primer tango cantado fue “Mi noche triste” de S. Castriota y Pascual Contursi *. Sin embargo, y considerando la cuestión desde otra perspectiva vemos que con dicho tango aparece una manera de decir, una cualidad sentimental, una temática, que quedará para siempre ligada al tango. Desde ese punto de vista es correcta la afirmación de que con este tango nace “el tango –canción”. Es este, en cierto modo un origen mítico, punto de partida impreciso rodeado de datos vagos y contradictorios que ubica los hechos ya en Montevideo, ya en Buenos Aires, a veces se habla del teatro Esmeralda (hoy Maipo) otras del Empire. Lo cierto es que fue estrenado por Carlos Gardel (en 1917) y a instancias suyas incorporado a un pasaje de “Los dientes del perro” sainete de González Castillo y Weisbach, oportunidad en que lo interpretaba Manolita Poli. C. Gardel había grabado este tema ya en 1917, este hecho es significativo, pues a partir de ese acontecimiento, Gardel, que era interprete de un repertorio criollo junto con Razzano, comienza a perfilarse como “el cantor de tangos”. Se dice, sin embargo, y en esto también hay opiniones encontradas que el primer tango que cantó Gardel no fue “Mi noche triste” sino “Flor de fango” también de Pascual Contursi.
El amurado
Con esta expresión de origen lunfardo hacemos alusión al tema que introduce, repite y establece definitivamente en el tango Pascual Contursi. A veces el tono es triste, llorón, diría alguien tratando de quitarle patetismo a estas letras, otras veces insiste en “el amuro” pero con sentido humorístico, tal el caso de “Ivette”: “Bulín que ya no te veo, / catre que ya no apolillo, / mina que de puro esquiyo /con otro bacán se fue...”. También está presente en el tema que junto con Maroni escribió para La cumparsita. El tema del abandono, pues insiste en sus letras y aún desde una perspectiva femenina, como es el caso de “El motivo”: “Está enferma, sufre y llora / y manya con sentimiento. Podemos entender entonces que con “Mi noche triste” comenzó el tango que cuenta historias, el que expresa sentimientos. Se alejaba así de aquellas letras de principio de siglo en las que el cafishio contaba con cinismo sus “hazañas” de mantenido. Cuando el vento ya escasea, / me voy p’ande está la mina, / la hembra más ducha y ladina/ que pisa el Barrio del Sud. Y como caído del cielo/ echo el níque al bolsillo/ y al compás del organillo / bailo un tango a mi salud” (El Porteñito de A. Villoldo). Con Pascual Contursi era la primera vez que el hombre se lamentaba por la pérdida de la compañera. Esta efusión sentimental, más la interpretación providencial de Carlos Gardel fue la que influyó para que este tango se hiciera tempranamente famoso y se ampliara notablemente el público para este nuevo género musical que encontraría en Gardel el intérprete justo. La historia posterior del tango mostraría un despliegue riquísimo de posibilidades en lo musical y en la belleza y hondura de sus letras.
E. R.
Contursi Pascual (15/11/1886-29/5/1932)
Nació en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, pero siendo muy joven la necesidad o el espíritu de aventuras lo lanzó a los caminos que lo llevaron a Buenos Aires y más tarde a Montevideo. Fue cantor, letrista, titiritero. En Montevideo tuvo una feliz ocurrencia la de ponerle letra al tango “Lita” de Samuel Castriota. Con el tiempo este tango con la letra de Contursi sería rebautizado por Gardel con el nombre con que hoy lo conocemos “Mi noche triste”. Al permitirse incluir sentimientos Contursi sensibilizó al tango, lo humanizó y permitió que miles y miles de seres anónimos se identificaran con las historias que contaban. Contursi murió siendo un hombre joven todavía, el 29 de mayo de 1932.
Mi noche triste (1916)
Percanta que me amuraste En lo mejor de mi vida Dejándome el alma herida Y espinas en el corazón. Sabiendo que te quería, que vos eras mi alegría y mi sueño abrasador: Para mí ya no hay consuelo y por eso me encurdelo pa’olvidarme de tu amor.
Cuando voy a mi cotorro y lo veo desarreglado, todo triste, abandonado, me dan ganas de llorar; me detengo largo rato campaneando tu retrato pa’ poderme consolar.
De noche cuando me acuesto No puedo cerrar la puerta porque dejándola abierta me hago ilusión que volvés. Siempre llevo bizcochitos pa’ tomar con matecitos como cuando estabás vos, y si vieras la catrera ¡cómo se pone cabrera cuando no nos ve a los dos! la guitarra en el ropero todavía está colgada nadie en ella canta nada ni hace sus cuerdas vibrar, y la lámpara del cuarto también tu ausencia ha sentido porque su luz no ha querido mi noche triste alumbrar.
Carlos Fuentes,
un escritor de dos mundos
Nació en México en 1930 pero tempranamente la profesión de su padre, diplomático, lo llevó a vivir lejos de su país, formándose en espacios culturales muy distintos de su México natal. El hecho de haber conservado en el ámbito doméstico la lengua española en su versión mexicana, hábitos y costumbres del país natal y seguramente una persistente memoria de la patria lejana, lo llevaron a convertirse con los años en uno de los más importantes escritores de su país. Su obra -en especial, su narrativa- es extensa y goza del reconocimiento mundial. Este autor forma parte de lo que en su momento se llamó (con una palabra un tanto estruendosa) el boom de la literatura iberoamericana. Si bien Fuentes remite el origen de su pasión por la escritura a distintos factores entre los que se encuentran las lecturas de la niñez y tal vez la obligada lejanía en que debió vivir, la cual le aportó motivos poderosos para rescatar en un ejercicio en el que se conjugaban memoria y ficción esa “patria lejana”, haciéndolo por otra parte poseedor de una mirada muy especial. Carlos Fuentes escribe su extensa obra en español, en el español mexicano por supuesto, con una única excepción: la novela “Gringo Viejo” cuyo protagonista, inspirado en la vida de Ambrose Bierce, llega al turbulento México revolucionario para sumarse a las filas de Pancho Villa. Su propósito se parecía bastante a un suicidio en dichas circunstancias y de hecho lo único que se sabe es que en territorio mexicano se pierden los rastros del veterano periodista y escritor norteamericano en 1914. Fuentes, hablando de cómo escribe, hace referencia a la búsqueda y hallazgo de la voz del personaje que es un instrumento fundamental en la construcción del mundo de ficción que supone el texto. En este caso el origen del personaje le impuso escribir la novela originalmente en inglés (traducida después por él mismo al castellano). Esto determina seguramente diferencias con respecto al resto de su narrativa aunque están presentes temáticas y obsesiones características de este autor, tal como, por señalar, uno fundamental: el de la frontera ¿geográfica, cultural, espiritual…? Muy mexicano y universal a la vez, es pues este escritor que hoy recordamos en esta página. Entre sus obras más importantes nombraremos entre muchas otras a La región más transparente, Terra nostra, La muerte de Artemio Cruz, Gringo Viejo, Cambio de piel, Una familia lejana, Cristóbal Nonato, etcétera.
Gringo viejo
I Ella se sienta sola y recuerda. Vio una y otra vez los espectros de Arroyo y la mujer con cara de luna y el gringo viejo, cruzando frente a su ventana. No eran fantasmas. Sencillamente, habían movilizado sus propios pasados, con la esperanza de que ella haría lo mismo reuniéndose con ellos. Pero a ella le tomó largo tiempo hacerlo. Primero tuvo que dejar de odiar a Tomás Arroyo por enseñarle lo que pudo ser y luego prohibirle que jamás fuese lo que ella pudo ser. Él siempre supo que ella regresaría a su casa. Pero le permitió verse como sería si hubiera permanecido; y esto es lo que ella nunca podría ser. Este odio tuvo que purgarse dentro de ella, y le tomó muchos años hacerlo. El Gringo viejo ya no estaba allí para ayudarla. Tomás Arroyo ya no estaba allí. Tom Brook. Pudo haberle dado un hijo así nombrado. No tenía derecho a pensarlo. La mujer de la cara de luna se lo había llevado con ella a un destino sin nombre. Tomás Arroyo había terminado. Los únicos momentos que le quedaban eran aquellos cuando ella cruzó la frontera y miró hacia atrás y vio a los dos hombres, el soldado Inocencio y el niño Pedrito, y detrás de ellos, lo piensa ahora, vio al polvo organizarse en una especie de cronología silenciosa que le pedía recordar, ella fue a México y regresó a su tierra sin memoria y México ya no estaba al alcance de la mano. México había desaparecido para siempre, pero cruzando el puente, del otro lado del río, un polvo memorioso, insistía en organizarse sólo para ella y atravesar la frontera y barrer sobre el mezquite y los trigales, los llanos y los montes humeantes, los largos ríos hondos y verdes que el gringo viejo había anhelado, hasta llegar a su apartamento en la ribera del Potomac, el Atlántico, el centro del mundo. El polvo se esparció y le dijo que ahora ella estaba sola. Y recordaba. Sola.
II
- El Gringo viejo vino a México a morirse. El coronel Frutos García ordenó que rodearan el montículo de linternas y se pusieran a escarbar recio. Los soldados de torso desnudo y nucas sudorosas agarraron las palas y las clavaron en el mezquital. Gringo viejo: así le dijeron al hombre aquel que el coronel recordaba ahora mientras el niño Pedro miraba intensamente a los hombres trabajando en la noche del desierto: el niño vio de nuevo una pistola cruzándose en el aire con un peso de plata. - Por puro accidente nos encontramos aquel día en Chihuahua y aunque él no lo dijo, todos entendimos que estaba aquí para que lo matáramos nosotros los mexicanos. A eso vino. Por eso cruzó la frontera, en aquellas épocas en que muy pocos nos apartábamos del lugar de nuestro nacimiento. Las paletadas de tierra eran nubes rojas extraviadas de la altura: demasiado cerca del suelo y la luz de las linternas. - Ellos, los gringos, sí -dijo el coronel Frutos García-, se pasaron la vida cruzando fronteras, las suyas y las ajenas- y ahora el viejo la había cruzado hacia el sur porque ya no tenía fronteras que cruzar en su propio país. - Cuidadito. “¿Y la frontera de aquí adentro?”, había dicho la gringa tocándose la cabeza. “¿Y la frontera de acá adentro?”, había dicho el general Arroyo tocándose el corazón. “Hay una frontera que sólo nos atrevemos a cruzar de noche -había dicho el gringo viejo- la frontera de nuestras diferencias con los demás, de nuestros combates con nosotros mismos”. - El gringo viejo se murió en México. Nomás porque cruzó la frontera. ¿No era esa razón de sobra? dijo el coronel Frutos García. (…)
Extraído de Gringo Viejo de Carlos Fuentes. Fondo de cultura. México (1985). |