Como en los tiempos de Rivadavia

 

Señor Director:

En los tiempos de Bernardino Rivadavia a quien el padre Castañeda llamaba “Sapo del Diluvio” y sus admiradores posteriores “El más grande hombre civil de los argentinos”, las parteras recibieron la instrucción de no conferir el bautismo a los recién nacidos, hasta los ocho días de edad.

Esto se debía al tétanos llamado entonces mal de los siete días ya que la forma clínica aguda tiene ese período de incubación. Parecería que en la mente de los iluministas de entonces, la causa etiológica del mal sería el agua derramada sobre la cabeza del bautizado.

Lo más probable que tal vez entonces ya se usara la tela de araña para frenar las hemorragias como en el tiempo de nuestras abuelas y eso sí que podría ser tetenigena aplicadas sobre el cordón umbilical.

Esto viene al caso a que recientemente en un establecimiento asistencial del partido de Pilar, le fue negado conferir el sacramento del bautismo al diácono Alberto Jorge Marzano por la neonatóloga de guardia a cargo de la atención del niño, habiendo sido el pedido de efectuar el bautismo solicitado por los padres de la criatura vecinos del barrio San Alejo.

Afortunadamente se pudo instruir a la madre quien correctamente confirió lo que comúnmente se llama “Agua del Socorro”, tan válida como bautismo como el más solemne que efectuara el Papa en el Vaticano.

La neonatóloga habrá creído que lo que quería hacer Marzano era curar “el mal de ojo, el empacho o la pata de cabra” o tal vez sea una “progresista democrática” afectada de clerofobia, situación muy difundida entre nosotros.

Para terminar, a través de su medio señor director, pregunto a los lectores: ¿Si en vez de un bautismo hubiera existido el pedido de un rabino de entrar a circuncidar a un varoncito judío de ocho días de edad, se hubiera atrevido la médica a oponerse?

 

Dr. Ernesto Petrocchi

Médico y abogado